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Las complicaciones de la violencia en su relación con el consumo de drogas son evidentes y requieren para su abordaje intervenciones más integrales y multidisciplinarias. - Mtra. Ana María Rodríguez

VIOLENCIA Y CONSUMO DE TABACO, ALCOHOL Y OTRAS DROGAS

Por. Mtra. Ana María Rodríguez

La evidencia científica ha demostrado que la violencia y el consumo de sustancias psicoactivas se correlacionan de modo significativo, tanto en los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de su manifestación, como en las consecuencias que inciden en el plano individual, familiar y social.

El consumo de alcohol está asociado con diversos problemas sociales. En particular, tiene estrecha relación con la violencia doméstica, el abandono y el abuso infantil, la delincuencia y las conductas delictivas (OEA, 2015). Los déficits y excesos en la conducta de los individuos constituyen un factor de riesgo de problemas sociales actuales como la violencia y las adicciones (Hommersen, Murray, Ohan, & Johnston, 2006; Lochman, 2000; Reyno & McGrath, 2006; citados en Morales & Vázquez, 2011).

La violencia y el uso de alcohol y otras drogas son problemáticas que se vinculan en un proceso circular, es decir, ninguna es causa de la otra, más bien, se inscriben en un amplio espectro de conductas, expresiones, gradientes y efectos:

  • La violencia puede conducir al consumo de drogas como “medio” para enfrentar pérdidas cercanas o la victimización asociada a la comisión de delitos (Pérez, V. & Díaz, D., 2011).
  • Jóvenes de educación media superior que usan drogas perciben más violencia y han experimentado mayor impacto de la misma, tienen menor autocuidado y modifican menos sus hábitos de uso del tiempo libre; en comparación con los que no han usado drogas, quienes ejercen autocuidado ante la violencia, aun cuando han estado menos expuestos y tienen una percepción más difusa de la misma (Pérez, Díaz&Fernández,2014).
  • Los trastornos por consumo de alcohol se asocian significativamente con la perpetración y victimización de la violencia de pareja (Smith, Homish, Leonard & Cornelius, 2012).
  • En el caso de niñas ,niños y adolescentes, la violencia en las familias se asocia con problemas de depresión, estrés postraumático, trastornos de la alimentación, comportamiento suicida, aislamiento social, consumo de alcohol y otras drogas (Caballero, Ramos, González & Saltijeral, 2010).

Las complicaciones de la violencia en su relación con el consumo de drogas son evidentes y requieren para su abordaje intervenciones más integrales y multidisciplinarias.

La violencia siempre está asociada a otras conductas de alto riesgo, aunque en sí misma presenta tendencias con repercusiones alarmantes, tal como lo demuestran diversos estudios que a continuación se incluyen.

Por ejemplo, con base en las estadísticas sanitarias mundiales, entre las principales causas de muerte prematura de hombres y mujeres, en 2012, las lesiones autoinfligidas ocupan el lugar 13 y la violencia interpersonal el 18 (OMS, 2014).

Por su parte, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2013) reporta las siguientes cifras:

  • Cerca de 95% de los homicidas son hombres, independientemente de la tipología de homicidio o del arma empleada. Ocho de cada 10 son víctimas.
  • Dos tercios de las víctimas de homicidio son mujeres, siendo sus compañeros íntimos o familiares quienes cometieron el acto.
  • La mitad de las víctimas de homicidio tienen menos de 30 años de edad.

A nivel mundial, durante 2012, la tasa fue de 6.7 homicidios por 100 mil habitantes. En los países de ingresos bajos y medianos, las tasas de homicidio más elevadas se registraron en la Región de las Américas, con 28.5. En este año se registraron 475 mil muertes por homicidio. El 60% corresponde a hombres de 15 a 44 años de edad. El homicidio es la tercera causa de muerte en este grupo etario (OMS & UNODC, 2014).

En hombres, la tasa de homicidios es casi cuatro veces mayor que en las mujeres. La tasa de víctimas masculinas de 15 a 29 años, en América del Sur y Central, supera en más de cuatro veces el promedio global para dicho grupo de edad (UNODC, 2013).

Dando seguimiento a las recomendaciones señaladas en el Informe mundial sobre la violencia y la salud (OMS & OPS, 2002), el Informe sobre la situación mundial de la prevención de la violencia 2014 (OMS, UNODC & PNUD) señala que:

Menos de la mitad de los países disponen de servicios de: salud mental para abordar las necesidades de las víctimas de violencia.

  • Algunos países han logrado avances a partir de  estrategias que incluyen el impulso de políticas que apoyan a las víctimas y el fortalecimiento de la red de servicios de atención a las personas involucradas en episodios violentos .
  • Es necesario reforzar los esfuerzos en la prevención.
  • Existen tratamiento con enfoque sistémico para trabajar con la violencia y el consumo de drogas.

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